58. Comida para cerdos
Samir Rahal se encontraba en el despacho de su ostentosa mansión, uno de sus hombres apuntaba con un revólver a la frente de Sujen, mientras que él disfrutaba de una calada de uno de sus puros cubanos favoritos.
—Sujen, Sujen, estás haciendome perder la paciencia querida, y deberías saber que cosas muy malas suceden cuándo eso ocurre.—le dijo el hombre consiguiendo que todo el cuerpo de la mujer en cuestión temblara como gelatina.
—L-lo lamento ssseñor, pero es que… Es que no sé de qué me está