Amir
Besar a Samira es, por mucho, una de las cosas que amo hacer, la otra es por supuesto entrar en ella y escucharla gemir y gritar mi nombre, ambas cosas que pienso hacer ahora.
Mis labios se mueven sobre los de ella con maestría y sus manos recorren mi pecho de arriba a abajo mientras entramos a nuestra habitación y con delicadeza la coloco sobre la cama, deleitándome con la forma en que sus mejillas se sonrojan y sus ojos brillan.
—Eres una hermosa—le digo y veo que sus mejillas se hacen