101. Menos hablar y más actuar
Samira
Eran casi las nueve de la noche cuándo regresamos a la mansión y lo primero que hice fue correr a ver a mis niños, solo para encontrarme con que ya estaban dormidos y acostados, Anya estaba dormida a su lado en una mecedora, lo que hizo que el corazón se me arrugara.
Con cuidado me acerco hasta donde la mujer encuentra, sintiendo los pasos de Amir detrás de los míos yendo directo a los bebés.
—Anya—digo con cuidado, pero como estuviera a la defensiva, ella se levanta en un santiamén.