Cuando vio a Rogerio de pie frente a él, Jorge frunció ligeramente el ceño.
—Señor Fernández, deme a Lucía, está borracha. Le pido disculpas por si ella ha hecho algo que lo ofenda.
Rogerio extendió la mano justo cuando terminó de hablar, intentó agarrar con fuerza a Lucía, pero Jorge la esquivó.
—Señor Valiente, probablemente olvidó que Lucía es mi mujer. Dado que está borracha, naturalmente me la llevaré a casa. En cuanto a pedir disculpas, eso es aún más innecesario.
Todos los presentes oyero