Su piel era blanca y sus labios rojos y seductores, además, debido a lo que acababa de pasar, la ropa de Lucía estaba arrugada, pero eso no podía ocultar su gran figura.
Jorge admitió que en ese momento le costaba un poco pensar. Su respiración se aceleró al momento y su rostro se enrojeció al instante.
Tras notar el cambio en sí mismo, Jorge maldijo e inmediatamente bajó la ventanilla del coche para intentar refrescarse un poco con el aire frío.
Al sentir el frío, Lucía dio un respingo y abrazó