Al ver la mirada avergonzada de Pablo y pensar en la llamada telefónica de la mañana, Lucía frunció los labios con gran sarcasmo.
¡Pablo en verdad quería mucho a Marta! Si el cuidado que Pablo tenía por Marta pudiera transferirse a ella, aunque fuera un poco, no haría…
Negó la cabeza con gran disgusto. ¿En qué estaba pensando? Había mares de distancia entre ella y los González.
Lucía perdió por completo la paciencia.
—Padre, ¿qué quieres de mí? Aún tengo mucho trabajo en el departamento de dise