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La sustituta de mi hermana
La sustituta de mi hermana
Por: Inés Ávila
El inicio y los planes de Agnes

Capítulo 1

El inicio y Los planes de Agnes

— ¡Por fin cumplo mis dieciocho!— decía la chica a su mejor amiga.

—¡Te ves deslumbrante amiga! ¡Estás preciosa!— dijo la otra chica.

— ¡Quiero revelar un secreto!— dijo la cumpleañera al oído de su amiga— pero promete que lo guardarás.

— Tú sabes que puedes confiar en mí — dijo la amiga haciendo un mohín de desagrado.

— No te pongas así; solo quiero asegurarme, sé que eres mi mejor confidente — dijo con satisfacción la otra chica.

— ¡Bueno habla que me tienes en ascuas!— protestó la amiga.

— ¡Cálmate! ¡Escucha bien y no repitas!— dijo la cumpleañera poniendo seriedad a su voz— ¡Esta noche pienso entregarme a mi Mathías, a mi prometido!

— ¡Oh! ¿Hablas en serio?— exclamó la amiga.

— ¡Sshhh!— dijo poniendo un dedo en sus labios en señal de exigir silencio— ¡Si, ya estoy lista, quiero que hoy sea el mejor día de cumpleaños que haya tenido!

Mientras en otro lugar sucedía ésto:

— ¡Oh Mathías, fue maravilloso!— dijo la chica semidesnuda desde la cama.

Un hombre de unos veintiséis años estaba de pie al lado de la chica, completamente desnudo haciendo acopio de su orgullo masculino.

—Si, realmente lo pase muy bien contigo, como siempre, me encanta estar contigo y quisiera que se repitiera, pero no hoy, tengo un compromiso está noche con mi prometida y necesito guardar fuerzas, de seguro ella querrá su regalo de cumpleaños — dijo señalando todo lo que él era como hombre.

— ¡Eres un desconsiderado amor! ¡Tu novia soy yo y siempre vives echándome en cara que tienes a tu prometida! — la chica estaba a punto de llorar.

— ¡No te pongas así cariño! Mi prometida es solo una transacción comercial, un negocio familiar, allí no hay sentimientos, además es más fea que un pecado— dijo él, tratando de consolar a la muchacha.

— Si, pero acabas de decir que guardarás fuerzas para darle su regalo — se quejó la mujer.

— Un regalo que será solo sexo cariño, la que manda en mi corazón eres tú, no tengas celos de eso, solo le haré un cariñito que me ha estado pidiendo desde hace algún tiempo—se justificó él.

— No me gusta que me hables así — se quejó ella.

— ¿Así como? Solo soy sincero amorcito; ¿prefieres que te hable con mentiras?— se justificó él.

Ella hizo un mohín con sus labios y él le dió un suave beso, se vistió y salió del lugar, esa noche era crucial para él, necesitaba estar con la mente fresca, llamó a una florería y pidió muchos ramos de rosas, quería las más hermosas, dió una dirección.

En la noche el salón de la mansión Hellinger estaba decorado elegantemente, de acuerdo a la ocasión, la música llenaba aquel ambiente lleno de esplendor, allí se encontraba la cumpleañera,rodeada de sus amigos y familiares, aunque la familia de ella, solo consistía en su padre, quien se paseaba orgulloso.

— ¡Ven Agnes, allí está llegando tu novio!— dijo llamando a la muchacha.

Ella corrió al encuentro de aquel hombre guapísimo y elegantemente vestido.

— ¡Oh mi amor, pensé que no vendrías! ¡Solo esperaba por tí!— reclamo ella en tono cariñoso.

— ¡Mil disculpas! Tuve unas complicaciones de última hora, lamento haberte hecho esperar cariño mío—dijo besándole en los labios con suavidad.

— Estás perdonado, solo por haberme enviado estos hermosos arreglos florales por mi cumpleaños— dijo ella complacida.

— ¡Lo escogí personalmente para ti mi amor!— dijo él atrayéndola por la cintura.

—Bueno, vamos a prepararnos para esta gran celebración — dijo el padre de la muchacha.

De inmediato una orquesta empezó a animar con más música, todos los presentes se animaron a seguir a la pista de baile.

Agnes y su novio llamado Mathías, se unieron a los invitados, no dejaron de bailar en toda la noche, allí estaba también la familia del novio, los dos hombres mayores comentaban sobre el noviazgo de sus hijos.

— Joel, ¿ves lo enamorados que están nuestros muchachos? Definitivamente hicimos una magnífica alianza de matrimonio— dijo el padre de Agnes.

— Así es Jeremías, mi Mathías está resuelto a hacer feliz a tu hija— respondió el padre del novio.

— En seis meses serán marido y mujer — dijeron los dos al unísono— sonrieron complacidos por la ocasión.

— ¡Hagamos un brindis por esta alianza Joel— sugirió Jeremías— voy a buscar un vino que he estado guardando para esta ocasión.

Salió y un rato después venía con una botella de licor dispuesto a compartirla con su amigo y consuegro.

En la pista de baile Mathías decía a su novia quien era la cumpleañera.

— ¡Estás preciosa mi amor!

Ella melosa se acomodó en su pecho mientras susurró:

— ¡Gracias! Me vestí para ti, para que dentro de un rato puedas quitarme todo esto y disfrutar de mi regalo de cumpleaños.

—¡Mmmm! ¡Eso me encanta! Te prometo que te daré el mejor regalo que hayas disfrutado jamás en tu vida— dijo él convincente.

— ¡No lo dudo, cariño lindo! ¡No sabes cuánto he estado soñando con este día!— exclamó ella en voz que solo él pudo escuchar.

Así siguieron moviéndose al ritmo del compás musical mientras los dos hombres mayores planeaban los negocios que manejarían una vez se diera el matrimonio de los hijos.

—Quiero que sea Mathías que esté al frente de todo lo mío— dijo Jeremías con una voz que le pudiera generar confianza a Joel, su consuegro— Agnes no es buena para los negocios, nació para solo ser esposa.

— Es una lastima, porque ya debería manejar como toda una experta tus negocios— dijo Joel.

— Me parece que es porque es muy joven aún, afortunadamente tu hijo, salió buena cabeza para los negocios, aunque sea un tarambana a nivel de mujeres — dijo Jeremías bastante incómodo.

— Si, el muchacho me salió galán, tiene mucha miel para atrapar a las féminas — dijo el padre de Mathías.

— Es algo que deberá corregir cuando se case con Agnes, no me gustaría que mi muchacha estuviera sufriendo por causa de las infidelidades de tu hijo— dijo Jeremías.

— Hablaré del asunto con él— prometió Joel.

Agnes y Mathías decidieron dar el siguiente paso después de picar el pastel de cumpleaños, todos se estaban retirando, era muy avanzada la madrugada, Jeremías y Joel se habían ido a descansar, así que ellos subieron a las habitaciones de la muchacha, dispuestos a dar rienda suelta a sus deseos carnales.

Las risas entre ambos eran de complicidad, sabían que tenían el resto de lo que quedaba de oscuridad para ellos, Mathías inició quitando la ropa de la chica como si fuera un ritual sagrado, él suponía que era su iniciación en el maravilloso mundo sexual.

Ella mostró algo de timidez ante la proeza del hombre experimentado, pero a medida que los besos se fueron haciendo más intensos, todo el candor desapareció por completo, las manos expertas de él la recorrían con placer y lujuria.

Así se fueron encendiendo hasta sentir que sus cuerpos eran una vorágine de calor que los consumía por completo, ella arqueaba su cuerpo mostrando sumisión ante la osadía de las caricias de él.

Sus caderas y su entrepiernas estaban más que listas para las acometidas de deseo que le esperaban, estaba dispuesta a entregarse sin reservas a su futuro esposo, así se lo susurró más de una vez, haciendo que él deseo de él se volviera más intenso.

Pronto sus cuerpos estuvieron enredados en una danza de lujuria y placer; él con un ritmo al principio suave, esperando encontrar resistencia en su cavidad íntima, aunque pronto se dió cuenta que aquel camino ya tenía la puerta abierta por completo.

La miró entre confundido y extrañado, ella le sonrió coqueta, besándolo ardientemente para que la neblina del deseo venciera cualquier obstáculo que le impidiera seguir con aquel placer indescriptible, así que Mathías decidió seguir adelante sin importarle la sorpresa que se había llevado.

Después de un rato, todo aquel placer alcanzó su clímax, así que más relajado él comentó:

— Si que supiste engañarme cariño.

— Al igual que tú, también tengo mis secretos sexuales — se justificó ella.

Rieron complacidos, mientras Jeremías que no estaba dormido, estaba recordando el día que vino al mundo su hija Agnes, siempre había evitado pensar mucho en este día fatídico donde su mujer y su otra hija habían partido para siempre.

—«¿Para siempre? Pensó Bueno no había sido así para una de sus hijas. ¿Cómo estaría? También había sido su cumpleaños número dieciocho».

Nunca más se había interesado por el destino de la gemela de Agnes, aquellos pensamientos le estaban incomodando, así que decidió obligarse a dormir para olvidar a su otra hija definitivamente.

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