Maximiliano recordó exactamente porque siempre había odiado aquellas fiestas, las de su madre siempre fueron más ostentosas que aquella, pero sin duda alguna todas tenían la misma aura molesta para él. Hanna bajó del auto algo nerviosa mientras se aferraba al brazo de Maximiliano.
— ¿Estás seguro de que debería estar aquí? —La dulce mujer lo miró —. No sé si pueda… encajar en este lugar.
— Para encajar aquí solo necesitas tener dinero y sonreír — dijo Maximiliano —. Además, te prometo que nos i