Lo único interesante de esta boda era la magnífica y gigantesca mesa llena de apetecibles bocadillos y frutas frescas. Había gran variedad de cocteles que para ser sincera no me agradaban del todo y si a eso le sumamos a Nain y Dalila pavoneándose y alardeando solo podía pensar en comer o vomitar; lo que pasase primero.
—Señorita Andrea no debería comer nada hasta que no lo pruebe antes—susurro Arthur a mi lado mientras me deleitaba con todo aquella comida que yacía ante mí.
Mi vista viajo a él