No me sigas tentando

Lawson subió media hora después. Incluso había dejado que el supresor actuara sobre sí mismo para poder pensar mejor. Y había funcionado. Las feromonas de la loba que se aferraban como fieras a su piel ya no eran tan agresivas como antes. Y eso era bueno. Ahora podía controlarse y no hacer una locura.

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