En ese momento, Laura, la enfermera que normalmente me ponía las inyecciones, entró en la habitación.
—¿Elena, cómo es que estás aquí para poner inyecciones? ¿Lo has reportado?
—Laura, yo, es que... —La pequeña enfermera parecía muy nerviosa.
Rafael, por su parte, seguía aferrando su muñeca con fuerza.
—Te vi sacar el medicamento de tu bolsillo y ponerlo en el frasco, ¡sácalo!
Su voz era fría y, sin importarle si la chica se resistía o no, metió la mano en su bolsillo. Para mi sorpresa, efectiva