Parecía que mi actitud fría había dejado a Daniel un poco descolocado, mirándome con cierta confusión. Antes había sido yo quien lo suplicaba a él, y ahora que le decía que no lo necesitaba, se extrañaba.
De pronto se puso algo irritado y me acorraló contra el lavabo.
—¿Cómo que no lo necesitas? ¿Sabes que como señora Castillo tienes que asistir a muchos eventos? ¿Cómo puedes decir que no lo necesitas?
Lo miré con indiferencia. Cuando más lo había necesitado, él no me dio, y ahora que ya no lo n