Al entrar en el estudio, vi a Fernando sentado en la silla, un poco fatigado.
Antes siempre lo veía como una figura autoritaria, incluso algo temible. Pero en ese momento, parecía un abuelo común y corriente, cansado, con ojos opacos y sin mucho ánimo.
—Siéntate —Me hizo un gesto para que lo hiciera y luego suspiró.
—¿Cuánta confianza tienes en este proyecto?
—Cincuenta por ciento —No exageré mis habilidades.
Varias grandes empresas de diferentes provincias estaban esperando participar en la lic