Quería seguir preguntándole qué tipo de investigaciones había hecho, pero de repente el WhatsApp de Daniel empezó a sonar sin parar. Se notaba que estaba frustrado, y al ver la pantalla, su expresión se tornó aún más seria.
—¡Camila, esto es culpa tuya! —dijo, molesto, mientras me pasaba el teléfono.
Al ver que era un mensaje de Natalia, me quedé sin palabras.
[Daniel, ya volví al hotel, estoy sola y me da miedo.]
[Mira el pasillo, no hay nadie, ay, ni siquiera quiero salir.]
[Solo traje este ca