Habían pasado unos cuantos meses desde que Eva se enteró del embarazo de Mónica. La había despedido, y había continuado con su vida como si no doliera. Pero dolía, dolía en el alma, y más por la sencilla razón de que Mónica si estaba embarazada ahora, solo faltaba saber quién era el padre de su hijo.
Eva se sentó en el jardín mientras acariciaba su ya grande panza. A fin de cuentas ella también estaba embarazada, de su sexto hijo.
—¿Ya desayunaste? ¿te tomaste los remedios? —pregunto Laureti co