Eva sentía su corazón palpitar con fuerza. Se agachó a la altura de los niños que la veían con admiración, para tomarlos en sus brazos.
—¡Mami, mami, te extrañamos tanto!—se aproximaron los trillizos con ternura.
Eva acarició su pequeña cabeza con amor. Mientras los apretaba en su pecho con fuerzas. Las lágrimas caían por sus mejillas, y su respiración se agudizó un poco.
Suspiro para ver a sus primogénitos, esos que le dieron la dicha de ser mamá.
—Los extrañe tanto mi amor, los extrañe con lo