«CAPÍTULO 40»
La punta de mi tacón se doblaba cada vez pasaba el peso de mi cuerpo de un costado hacia otro. Mi estómago comenzó a rugir al escuchar las voces de las personas que nos estaban esperando para la entrevista, entre tanto Bruno no me quitaba la mirada de encima. Las palmas de mis manos comenzaron a sudar, porque entendía que, si algo salía mal, sería el fin para nosotros dos.
El señor Harper era un hombre poderoso de este país, su familia tenía el prestigio de ser una de las casas de