Parecía que el tiempo no existiera aquí en la Orden del Velo... al menos no de una manera que Serena pudiera entender.
No había amanecer para marcar el comienzo del día y no había puesta de sol para indicar su fin.
Los cielos se sentían en blanco y secos...
Serena en los primeros días aquí hizo todo lo posible por entenderlo, pero ahora casi una semana, se ha rendido con eso y ha aceptado su nueva rutina de vida aquí:
El pasillo estaba frío bajo sus pies descalzos, su rabia por la ropa colgaba