CAPÍTULO 37

Levantó el abrigo que había quedado tirado en el suelo y se cubrió. Al llegar al salón se encontró con una mujer bastante joven, Katsumi le calculó unos veintidós, veinticinco a lo mucho. Sus rasgos eran delicados, su cabello rubio caía sobre uno de sus hombros y sus ojos azules estaban empañados de lágrimas. Al lado de la chica, una niña que miraba a todos co

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