MARTINA
—¡Sueltame! ¡Dejame en paz!
Por más que trataba de quitármela de encima no podía, su fuerza era mayor a la mía y mi cuerpo no reaccionaba con normalidad. Sentía que estaba atada.
—Con que tú eras una de las que la quería muerta— su voz era escalofriante y fría. Sin duda se escuchaba como una voz que ya había escuchado antes.— ahora tú y tu patética familia van a pagarlas una a una por lo que le hicieron— mis brazos no reaccionaban. Estaba literalmente congelada.
—¡No!— senti un dolor