La figura se movía con sigilo, apenas visible en la penumbra que reinaba en el muelle. Sentí un escalofrío en la nuca, pero mantuve mi postura. No podía dar señales de duda o debilidad frente a los demás.
Alonzo también había notado la presencia y se adelantó en silencio, colocándose un poco más cerca de mí. Sus ojos se fijaron en el punto exacto donde yo había visto la figura, y sus manos se deslizaron hacia la funda de su arma, preparado para cualquier eventualidad.
—¿Espera refuerzos? —pregu