Capítulo 10 – Carta a su padre
Dos días pasaron sin que viera a los hermanos.
Elena deambulaba por su habitación, con la mordedura de Julian cicatrizando lentamente en su cuello, la huella de los dedos de Cassian aún ardiendo entre sus muslos. Sirvientas omega venían tres veces al día —dejaban bandejas, cambiaban las sábanas, se iban sin una mirada.
No le hablaban. Le tenían miedo a ella. O a ellos.
La tercera noche, Elena encontró bajo su almohada una libreta de cuero y una pluma estilográfica