Pocas veces nos permitimos el lujo de sentir y cuando lo hacemos, preferimos ceñirnos a unos parámetros, a unas limitaciones, a veces por miedo, otras por orgullo y otras simplemente porque no nos enseñaron a amar sin hacer daño. Eso es lo que Ariel y Logan estaban sintiendo, presos de su orgullo. La razón frente a la pasión jamás fue una buena combinación pero ahí estaban. Solos, con la única compañía de algún que otro insecto, el agua, y la brisa.
Somos nosotros mismos los carceleros de nuest