Celeste
Él duda por un momento antes de quitarse el guante de cuero. Me quedo impresionada: su mano está oscura, con partes rojizas que contrastan terriblemente con su piel pálida. Él parece avergonzado. Era algo muy extraño, jamás vi una herida así, aunque tenía una teoría.
—¿Hechicería, o me equivoco?
—Dudo que te equivoques alguna vez pequeña prisionera—indica, me hace sonrojar.
—¿Culpa de La Eterna? —pregunto.
—Sí y no. Tuve un encuentro con alguien muy poderoso, alguien a quien enseñaba a