Alaric
—¡Celeste! —rugió Roy y salió un aullido ronco y cargado de pánico. Mi corazón latía como un tambor desbocado mientras corría entre los escombros, esquivando guerreros y vampiros. Los gritos de combate resonaban a mi alrededor. Mercenarios intentaban huir, perseguidos por mis guerreros.
—¡Majestad, espere! —gritó alguien a mis espaldas, pero lo ignoré. El mundo entero dejó de importar. Solo había una cosa en mi mente: encontrarla. ¿Y si no llegaba a tiempo? ¿Y si la había perdido para sie