57. Un hilo de sangre
Bella
Todo se convirtió en obscuridad en ese momento.
Me abracé a mí misma en el suelo y apreté los ojos con tanta fuerza que por instante creí que terminaría haciéndome daño.
Primero, se hizo el silencio.
Abrumador.
Pero bastó un segundo para que el caos estallara a mí alrededor.
Gritos.
Golpes.
Maldiciones y estupefacción.
El caos se estaba desatando sin compasión en el centro de aquel salón y a mí lo único que me importó fue encontrarme con sus ojos.
Tan azules como capaces de consumirlo tod