POV Emma
Desperté lentamente, con la cabeza como si hubiera explotado en mil pedazos.
Un dolor punzante me recorría la sien derecha y un zumbido constante me impedía pensar con claridad.
Parpadeé varias veces, intentando acostumbrarme a la luz blanca y fría que inundaba la habitación. A mi lado, una enfermera vigilaba con cuidado, y más allá, a un par de pasos, el doctor me observaba con expresión seria, aunque con un brillo de alivio en los ojos.
—¿Cómo se siente, señorita? —preguntó la enfermera con una voz calmada, tratando de que me tranquilizara.
Los miré con cierta confusión, sintiendo todavía el eco del dolor en mi cabeza.
Traté de incorporarme, pero un mareo me hizo volver a recostar la cabeza contra la almohada.
Respiré hondo varias veces antes de poder articular palabra.
—Estoy bien… creo… ¿Qué me pasó? —mi voz sonaba débil, un hilo tembloroso que me traicionaba.
El doctor se acercó un poco más, apoyando una mano sobre la barandilla de la cama, y me miró con paciencia.
—Tuvo