POV Serafina
Lloraba.
Pero no eran lágrimas de debilidad… eran de rabia, de furia contenida, de odio puro que me quemaba por dentro. Sentía el pecho arder, la respiración agitarse, las manos temblar no de miedo, sino de impotencia.
—¿Por qué…? —murmuré entre dientes—. ¿Por qué mis planes se rompieron así?
Todo había estado perfectamente calculado. Cada paso, cada movimiento, cada mentira tejida con precisión. Yo no fallaba… nunca fallaba. Y, sin embargo, ahí estaba, viendo cómo todo comenzaba a