POV ANAHÍ
Respiré profundamente.
Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía hacerlo sin que el miedo me apretara el pecho. Mis labios se curvaron en una sonrisa temblorosa y, al mismo tiempo, las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas.
No intenté detenerlas. No quería hacerlo.
Eran lágrimas de alivio. De felicidad. De incredulidad.
Antonio King volvería a ver.
Después de tanto dolor, de tantas noches oscuras, de tantos momentos en los que parecía que la esperanza se había agotado, fin