—¡¿Qué dices, Antonio?! —la voz del abuelo King resonó por toda la habitación—. ¡Esta mujer solo es una interesada!
Sentí que el corazón se me detenía.
Mis dedos se crisparon alrededor de la tela de mi vestido mientras miraba al anciano.
No sabía qué decir. Había esperado muchas cosas de aquella familia, pero no que alguien pronunciara en voz alta aquello que durante tanto tiempo había temido.
Interesada.
Esa palabra dolía.
Quizá porque durante mucho tiempo yo misma había llegado a preguntarme s