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KARINA.
La mañana se despliega a mi alrededor, con los cálidos rayos del sol colándose por mi ventana. Me esfuerzo por recobrar la compostura, enderezándome en la cama. Mi atención se posa de inmediato en la imponente figura masculina que descansa a mi lado, de espaldas y con el rostro perdido entre las suaves capas de la almohada, aún sumido en un profundo sueño.
Un suspiro escapa de mis labios mientras deslizo una mano por mi rostro, rememorando la locura del día anterior. Silvano, con su