***
Permanezco a un lado de Karina, quien sigue durmiendo plácidamente acurrucada entre mis brazos. Puedo asegurar que durante el tiempo que no estuve con ella, no descansó como anoche ni como lo hace ahora por la mañana. Seguramente sus noches fueron un verdadero tormento, pensando quizás que estaba muerto; solo imaginar lo que pudo haber sufrido me estremece el corazón.
Cuido de esconder un mechón de su cabello detrás de la oreja mientras la observo dormir. Anoche, opté por no hacerle el amo