SILVANO.
—¡Maldita sea! —lancé mi vaso de whisky contra el piso cuando nuevamente la operadora me envió a buzón.
Karina no responde mis llamadas. Después de que hablamos, y ella me terminó, «joder, terminó conmigo», no volvió a contestarme el teléfono. Ni siquiera pude procesar todo lo que estaba pasando, ¿por qué demonios actuaba de esa manera tan tosca? ¿Y cómo se atreve a terminar lo nuestro?.
Sentía que me estaba volviendo loco, e incluso después de esa llamada, hice un desastre en la ofic