Ya estamos a salvo.
Subí las escaleras con el corazón acelerado, rumbo a la habitación donde estaban mis dos pequeñas. Al entrar, lo primero que vi fue a Iris corriendo hacia Elijan con una sonrisa radiante, como si lo conociera de toda la vida. Lo abrazó con una intensidad que me dejó sin palabras, como si en lo más profundo de su ser supiera que él era su padre. Fue un momento tan emotivo que sentí un nudo formarse en mi garganta, incapaz de contener la avalancha de emociones.
—Elijan —dijo Iris con inocencia,