Me desperté temprano, con el cuerpo adolorido por lo que había sido una noche intensa. Intenté moverme de la cama con cuidado, pero antes de que pudiera siquiera levantarme, sentí su mano firme agarrándome de la cintura.
—¿A dónde mierda crees que vas? —su voz ronca me detuvo.
—Iba por el desayuno... —murmuré, aún medio adormilada.
—Primero yo quiero mi desayuno —dijo con esa arrogancia que me hacía estremecer.
Elijan tiró de la sábana, dejándome completamente expuesta, y sin necesidad de más p