Regina Stravos
Han pasado dos años desde el nacimiento de Esme, y cada día siento que mi corazón se llena de amor por ella. Es tan hermosa y tan inteligente. Su cabello rubio se ha ondulado y sus ojos grises, heredados de su padre, son un reflejo de lo que siempre imaginé en mi hija. Me encanta verla crecer, pero, al mismo tiempo, me siento culpable de que ella esté rodeada de este mundo tan oscuro.
Hoy, mientras jugábamos juntas en el jardín, sentí un respiro de paz. Esme corría feliz, su