La mujer del Cóndor: 31. La primera vez de Regina.
No dejaba de besar los labios de Michael, cada beso era más profundo, más desesperado. Él respondía con la misma intensidad, como si quisiera transmitirme algo que las palabras no podían. Sentí su respiración entrecortada, la tensión que se liberaba en cada roce de nuestros labios.
Me perdí en sus ojos grises, esos ojos que habían visto tanto, que guardaban secretos y dolor. Pero en ese momento, los veía diferentes, como si en ellos hubiese una frágil esperanza, como si yo fuera la única pers