Una amenaza
-Los valores están estables. -Cano anotó algo en un cuaderno gastado, sin levantar la vista. -El color volvió a tus mejillas y los remedios finalmente surtieron efecto.
Lía asintió mientras se acomodaba la bata sobre los hombros. El aire fresco que entraba por la ventana abierta le acariciaba la piel, pero ya no le calaba los huesos como antes.
-¿Y puedo salir un rato? -Preguntó, tanteando el terreno.
Cano le dedicó una media sonrisa, de esas que no tenían nada de galantería pero sí