Capítulo 37

Un poco de celos

La noche había caído sobre la aldea, envolviendo las cabañas en una calma pesada y tibia, solo rota por el canto lejano de los grillos y el crujir ocasional de las ramas bajo el viento.

Kael subió las escaleras en silencio, deteniéndose al llegar a la habitación donde dormían los trillizos. La puerta estaba entreabierta. Entró despacio, como si el más leve ruido pudiera romper el hechizo que envolvía ese cuarto pequeño.

Eliot dormía profundamente, abrazando a su manta toda torc
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