Capítulo 22: No es justo
El auto olía a humedad, a tierra mojada y a ese aroma que tenía el encierro prolongado después de una jornada agotadora. Alexander había salido tarde de la base. Las reuniones se habían alargado más de lo esperado y su cabeza seguía enredada en mapas tácticos, coordenadas y estrategias que aún no eran oficiales.
Pero su corazón estaba en otro lugar.
Se detuvo en una pequeña pastelería cerca de la avenida principal. Entró sin decir mucho, escogió la tarta de mango que el