Jaqueline
Talles hablaba con aquel viejo tono de siempre, lleno de soberbia. Yo ya no conseguía controlarme. Por dentro, sentía la rabia hervir y un asco creciente, pero mantuve la mirada fija en él, esperando que simplemente se callara.
—No puedo negar que estás aún más hermosa de lo que recordaba… Pero… —continuó, con esa mirada que mezclaba arrogancia y malicia.
Talles dio medio paso hacia adelante, y yo inmediatamente retrocedí un paso.
—Eres de una familia pobre, Jaqueline. Y no existe ma