Só una vez más...
Estevão
Dos golpes en la puerta a esa hora de la mañana bastaron para ponerme ansioso y, al mismo tiempo, sin saber qué hacer. Sabía que era ella. María Luiza entró, dueña de sí como siempre. Por un instante todo lo demás quedó en segundo plano. Malu estaba deslumbrante.
El vestido formal azul claro realzaba su cuerpo pequeño y curvilíneo. El color acentuaba aún más el azul de sus ojos, que brillaban con una mezcla de dulzura y provocación. El escote, sutil pero atrevido, dejaba al descubierto