Jaqueline
Solo se escuchaban murmullos curiosos y el suave sonido de las personas acomodándose en sus asientos. Hubo cierto movimiento en el escenario. Siluetas cruzaban el fondo iluminado por una luz tenue. Se podía ver el reflejo de las partituras, el brillo metálico de los instrumentos y los primeros ajustes de los micrófonos. Fue entonces cuando las luces se encendieron de una sola vez, revelando el centro del escenario. Y allí estaba él: Edgar Nolasco.
De pie, imponente y sereno, vestido c