Alexandre
Después de una noche maravillosa, desperté con Jaqueline dormida acurrucada en mis brazos. Sus rizos estaban esparcidos sobre mi pecho y su respiración serena me tranquilizaba. Y era en ese momento compartido con ella donde yo encontraba un refugio que nunca soube que existía hasta conocerla.
Me sentía cada vez más envolvido, no solo por su belleza y sensualidad, sino por todo lo que ella es: firme, honesta, sensible y resiliente. Una mujer que no necesitaba joyas para brillar. Y yo q