Alexandre
Descubrí dos cosas en la pequeña sala de café. La primera, el efecto que mis toques provocaban en el cuerpo de Jaqueline, y la segunda, cuánto me gustaba irritarla. Observar su rostro enfadado y sus labios carnosos haciendo un puchero me llevaba a la locura de la excitación. Fue divertido y excitante verla nerviosa. Saber cuánto podía afectarla de una manera deliciosa era muy interesante. Jaqueline, además de hermosa, actuaba sin ser consciente de lo extremadamente atractiva que era.