Alexandre
Cada palabra que salía de la boca de la hermana de Jaqueline hacía que algo dentro de mí ferviera. Era un tono ácido, lleno de juicios, como si ella tuviera el derecho de dictar lo que era correcto o incorrecto en la vida de Jaqueline. Como si la propia existencia dela necesitara ser corregida.
“¿Abandonada, sin marido, sin hijos, vas a envejecer sola?”
Palabras lanzadas como puñales, frías y deshumanas. Mis dedos se cerraron sobre el brazo del sofá, la mandíbula tensa. Estaba listo p