Júlio César
Estaba en la habitación, sentado al borde de la cama, intentando distraerme con cualquier cosa que no me hiciera recordar a Isadora, cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Gustavo entró con ese aire decidido que siempre lo acompañaba, sosteniendo un sobre de papel madera en las manos.
— ¿Adivina qué hay aquí? —preguntó, agitando el sobre levemente.
En ese instante, se me revolvió el estómago. Tragué saliva con el corazón disparado en el pecho. Sabía lo que era. No necesitaba ab