La sala del tribunal federal en North Spring Street tenía una luz particular que siempre me había resultado esclarecedora: esa luz que entraba por ventanas altas y estrechas e iluminaba el proceso con la imparcialidad específica de algo a quien no le importaba quién ganara.
Había estado bajo esa luz muchas veces.
Hoy estaba sentado en la galería, observando al hombre con quien había firmado un contrato hacía tres semanas acomodarse en el estrado de los testigos con la calma contenida y delibera