### PUNTO DE VISTA DE ALINA
—Así que de verdad eres una zorra —escupió mi casera, con una voz lo bastante afilada como para cortar la piel—. Saltando de un hombre a otro bajo mi techo. Ni siquiera mereces mi compasión.
Me quedé allí, paralizada, con las manos colgando inútilmente a los costados. No tenía sentido dar explicaciones. No tenía sentido suplicar. Aunque gritara la verdad hasta que me sangrara la garganta, no cambiaría la forma en que me miraba: como si fuera basura que de algún modo