Amaya
Todos ellos se quedaron viendo las caras ante las preguntas mudas y yo solo puede suspirar cansada de todo ese lío emocional que significaba hablar con mi madre, mantenerme en esa postura.
No era justa, así que por eso mismo miré a uno de los hombres de mi padre y le dije:
—Tráela aquí, y pasa por café y donas para todos nosotros, por favor.
Él me asintió al otro guardaespaldas mientras todos me ayudaban a clasificar, organizar y elegir los regalos adecuados para los niños. No duraron más